¿Es trabajo la prostitución?

En este artículo trataré de esclarecer todas las confusiones que se han venido dando esta semana en Twitter acerca de la prostitución. Comenzaré desmintiendo algunas cuestiones centrales, mantras que se repiten constantemente, como por ejemplo que no puede considerarse trabajo por ser una actividad que no produce plusvalor o que no viene mediada por la marcancía (¡que no es un intercambio mercantil, dicen!); y finalmente explicaré por qué para mi no puede considerarse trabajo, por más que formalmente sí aparezca como tal.

Empezando por lo básico…

¿Qué es el trabajo en la sociedad de la mercancía?

 

El trabajo —entendido aquí en tanto categoría económica moderna— es la forma específicamente mercantil de organizar la actividad práctica productiva del ser humano, que regula a la vez que se escinde —en el tiempo y en el espacio— de la vida misma. La forma moderna del hacer humano no es sino la expresión más elevada de la división social del trabajo, que evoluciona históricamente en íntima relación con el desarrollo de la propiedad privada y la producción. Se trata de su constitución definitiva en una esfera separada y autónoma, en la que valor de uso y valor se funden en una sola condición consustancial a la mercancía. En otras palabras: la actividad práctica productiva del ser humano adquiere definitivamente la forma trabajo-mercancía. El carácter mercantil de la sociedad burguesa implica pues, que todo hacer concreto creador de valores de uso se torna parte intrínseca del hacer abstracto creador de valor y/o valor de cambio, pues todo producto o servicio de la actividad humana es, en el capitalismo, necesariamente mediado por la mercancía.

Sin embargo, algunos parecen sugerir que estas categorías económicas —aquí el trabajo-mercancía— se nos presentan como una suerte de exterioridad a las relaciones sociales mismas de las que emanan. Este enfoque economicista concibe la sociedad burguesa como un conjunto reductible a dichas categorías, por lo que no es de extrañar su consideración acerca de la existencia, en el seno de esta misma sociedad, de un hacer ajeno a su lógica mercantil, siempre y cuando no encaje formalmente en sus esquematizados fetiches. En La ideología alemana, Marx y Engels ya revelaban el carácter omniabarcante de la lógica mercantil de la sociedad burguesa en contraposición a la sociedad estamental, donde “los siervos fugitivos”, la incipiente burguesía que escapaba del dominio de los señores feudales, logró desarrollar libremente y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes. Sin embargo, los proletarios sólo podrían hacer valer sus intereses acabando “con su propia condición de existencia anterior, que es al mismo tiempo la de toda la anterior sociedad [la sociedad burguesa]”. Vemos, pues, que la burguesía naciente pudo organizarse al margen de la sociedad estamental y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes, es decir, desarrollar su modo específico de producción en torno al valor. Muy al contrario, la lógica mercantil de la sociedad burguesa suprime toda posibilidad de organización a su margen, en tanto que toda ella se ve mediada por la mercancía. Por lo que el proletariado, al no poder organizar un espacio propio y al margen de la sociedad en el que desarrollar un modo de producir alternativo que preconfigure sus nuevas condiciones de vida, no tiene más opción que destruir el conjunto de la sociedad burguesa si quiere liberarse de sus cadenas.

Por tanto, es indiferente que tal o cual actividad concreta que se desarrolle en el seno de la sociedad burguesa sea un remanente de sociedades pre-modernas, pues el capitalismo transforma todo producto de la actividad humana en forma-mercancía, independientemente de cual fuere el origen y la forma primigenia de tal o cual oficio, actividad o servicio; nada puede escapar a su lógica mercantil.

La prostitución como mercancía

 

Ya en el tema que nos ocupa, la prostitución hace buena prueba de ello, pues se trata de un servicio que, dependiendo de la forma que tome y de cómo sea organizado, podrá ser productivo —generador de valor, o más concretamente, plusvalor— o improductivo. ¡Sí, los dueños de los clubs de alterne o de los macro-burdeles del modelo regulacionista alemán resulta que acumulan riqueza gracias a la extracción del plusvalor que crean las prostitutas allí empleadas! Cosas del siglo XXI, supongo… salvo por el hecho de que el propio Marx ya puso la prostitución como ejemplo del carácter productivo o improductivo de ciertas actividades y servicios dependiendo de la forma que tomen. ¿Acaso ejercer de prostituta en un burdel no constituye una esfera separada y autónoma de la vida, acaso no se escinde de ésta en el tiempo y en el espacio; acaso no organiza y regula la actividad vital en torno a esta división? ¡Por supuesto que la prostitución también toma forma de trabajo-mercancía!

IMG_20190911_171534

De cualquier modo, es indiferente que una actividad concreta genere plusvalor, ya que en la sociedad capitalista, como venimos diciendo, toda actividad, servicio o bien intercambiable por mercancía adquiere indefectiblemente la forma mercantil. Para empezar, que una actividad, bien o servicio no contenga valor —a secas, trabajo objetivado— no significa que no pueda expresarse en valor de cambio y precio. Insistimos de nuevo: todo lo intercambiable por otras mercancías adquiere de facto forma-mercancía (cosa). Y es que algunos reclaman constantemente la literalidad de la economía política marxiana, separándola del espíritu general de la obra de Marx y de las limitaciones históricas de su tiempo, pero bien que siguen confundiendo valor y valor de cambio. A pesar de que en muchas ocasiones utilice los términos indistintamente, ya que el carácter social de la producción implica que todo valor (abstracto) debe poder expresarse en valor de cambio (concreto) —al margen de que no necesite manifestarse de tal modo en casos específicos, como puede ser el caso de las empresas que utilizan parte de su producción como insumos—, sí se preocupó en diferenciar sendos conceptos. Así, parafraseando a Marx en El Capital, el valor de cambio es “la relación cuantitativa, la proporción en que se cambian valores de uso de una clase por valores de uso de otra”; y es que sólo haciendo “abstracción del valor de uso que tienen los productos del trabajo, se obtiene su valor”; aquello “que se manifiesta en la relación de intercambio o en el valor de cambio de las mercancías, es pues, su valor”. El valor de cambio es entonces el “modo de expresión o forma de manifestación necesaria del valor”, esto es, “el modo de expresión, o ‘forma de manifestarse’, de un contenido diferenciable de él”. Dicho de forma más meridianamente cristalina: “[E]l valor [a secas] es la cantidad de trabajo socialmente necesaria dado un contexto social determinado, a fin de producir una mercancía y [aquí está la clave] que servirá de fundamento último de otros dos elementos, valor de cambio con respecto a otras mercancías y precio” (subrayado mío). Huelga decir que el valor de uso es simple y llanamente la utilidad que tiene un bien o un servicio para las personas. 

De tal modo, es absolutamente indistinto que un bien o servicio no sea mercancía en el sentido estricto de la palabra, esto es, que no contenga valor en tanto que trabajo objetivado: “como por ejemplo la conciencia, el honor, etc., pueden ser puestas en venta por sus poseedores, adoptando así la forma mercantil.” (Marx)

Por otro lado, que una actividad no requiera especialización o formación específica no es óbice para que tome la forma-mercancía. Dará exactamente igual cuán especializado sea el servicio consistente en “hacer una mamada” (como se ha llegado a sugerir). Más todavía cuando el propio desarrollo de las fuerzas productivas, y de su hija predilecta, la tecnología —que se acumula como conocimiento objetivado en la máquina, capital constante—, hacen del trabajo vivo especializado y cualificado una categoría cada vez más dispensable. ¿Qué tipo de especialización puede requerir accionar la misma pieza de la máquina una y otra vez durante 9 horas seguidas? ¿Más de la que hace falta para hacer una mamada? Este criterio es completamente subjetivo y no se sostiene por ninguna parte, pero es que, de nuevo, es totalmente indiferente.

Entonces, ¿por qué considero que la prostitución no puede considerarse trabajo como tal?

 

Efectivamente, la base del capitalismo es el proceso que transmuta la fuerza de trabajo del ser humano en capital variable: el trabajo productivo, en cuanto explotación de un hacer físico y/o cognitivo, cuya finalidad no es generar un producto, sino un sobreproducto: plusvalor. En este proceso —independientemente de que lo producido sea tangible o intangible, material o inmaterial, en el sentido físico de la palabra— el ser humano es transformado en mercancía a través de su actividad física y/o cognitiva. Sin embargo, como ya hemos visto, los distintos tipos de hacer improductivo adquieren también la forma mercantil en el capitalismo, porque resulta que no existen al margen de éste.

No obstante, existen otros intercambios de mercancía en los que no es el hacer del ser humano, sino su propio cuerpo orgánico aquello que es directamente transformado, sin más mediación, en objeto, en cosa-mercancía. En estos procesos, el cuerpo no produce un valor-mercancía a través su actividad, sino que directamente lo contiene; no virtualmente, no como potencial, sino de facto. La reificación del sujeto —y por ende de su cuerpo— no se produce a través de su hacer, sino directa y brutalmente a través de su cuerpo: no es, por tanto, una cosificación mediada por la actividad práctica, sino radicalmente in-mediata. Podemos poner el caso del tráfico de órganos o incluso del alquiler de vientres. Aquí es meridianamente claro que la forma-mercancía no emana del hacer, sino del propio cuerpo cosificado. El caso de la prostitución, sin embargo, puede generar dudas, y es que muchas veces se esgrime que existe un hacer, una actividad práctica, por ejemplo: la famosa mamada ya mencionada —independientemente de cuán especialista sea la puta en hacer mamadas (!!!). Pero en mi opinión, esto es absolutamente insustancial, pues la actividad práctica no es el objeto real del intercambio mercantil, sino la sexualidad inherente al cuerpo del sujeto: el acceso in-mediato a su cuerpo cosificado. Y esto se ve claramente en el hecho de que la actividad se revela no como requisito sino como un efecto derivado. E incluso alguien podría sugerir que prescindible, ya que el intercambio mercantil puede darse —y de hecho muchas veces se da, a petición del cliente— sin ningún tipo de actividad práctica por parte del cuerpo cosificado, que adopta una absoluta pasividad, un dejarse hacer. Sea como fuere, la subsunción formal del cuerpo se produce en el momento en que la prostituta acepta el intercambio mercantil: la compraventa de su consentimiento sexual es de facto la enajenación in-mediata de su cuerpo cosificado al putero; la cual no viene mediada por el hacer —a diferencia de la compraventa de fuerza de trabajo en la que la mediación del hacer práctico es consustancial al intercambio— sino que, en todo caso, puede derivarse de aquella durante de la subsunción real, momento en que el putero se apropia realmente del cuerpo cosificado.

El proceso, pues, es a la inversa. En el trabajo, productivo o improductivo, aquello que se mercantiliza es la actividad práctica del ser humano, y sólo de esta mercantilización se deriva la cosificación del cuerpo. En estos otros procesos, empero, el propio cuerpo es inmediatamente mercantilizado, y sólo de esta mercantilización puede derivar un hacer.

Podemos concluir, por tanto, que bajo el capitalismo la prostitución toma la forma de intercambio de mercancías; concretamente, entre cuerpo in-mediatamente cosificado y dinero.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s